El hombre del Sudario de Turín: heridas de una crucifixión

Análisis forense del hombre del Sudario de Turín y las heridas atribuidas a una crucifixión.

El hombre del Sudario de Turín no tiene nombre para la ciencia. Lo que sí tiene es un cuerpo marcado. En la tela aparecen señales interpretadas como golpes, heridas en las extremidades, lesiones en la cabeza y una marca en el costado. Durante décadas, médicos, anatomistas y especialistas forenses han intentado responder una pregunta que puede estudiarse sin entrar todavía en el terreno de la fe: ¿las lesiones representadas en el Sudario son compatibles con las que podría haber sufrido una persona crucificada?

Primero observemos al hombre, no su identidad

Existe una tentación inevitable cuando se contempla el Sudario: comenzar por Jesús de Nazaret.

Aquí haremos algo diferente.

Por unos minutos olvidemos quién podría ser el hombre y tratemos la tela casi como si acabara de llegar a una sala de investigación. Tenemos una imagen frontal y otra dorsal de un individuo aparentemente muerto. Tenemos manchas rojizas. Tenemos determinadas posiciones corporales y numerosas marcas distribuidas por el cuerpo.

La pregunta inicial no debería ser “¿es Jesús?”.

Debería ser mucho más sencilla:

¿Qué parece haberle ocurrido a este hombre?

Esa diferencia es fundamental. Identificar a una persona y estudiar sus lesiones son problemas distintos.

Y las lesiones cuentan una historia inquietante.

Un cuerpo sometido a violencia antes de morir

La figura del Sudario presenta numerosas marcas que diferentes investigadores han interpretado como señales de traumatismo previo a la muerte.

Un estudio publicado en PLOS ONE en 2017 examinó una fibra atribuida al Sudario mediante técnicas de microscopía de resolución atómica. Los investigadores informaron de nanopartículas biológicas asociadas con ferritina y creatinina y plantearon que los resultados eran compatibles con un escenario de trauma físico severo.

Eso constituye un dato interesante.

No constituye, por sí mismo, una identificación.

Una fibra que pudiera contener rastros asociados con traumatismo no nos dice quién sufrió ese trauma, cuándo ocurrió ni demuestra automáticamente la autenticidad histórica del lienzo.

Es precisamente aquí donde HSO debe separar dos preguntas que suelen mezclarse: qué muestran los análisis y qué interpretación hacemos de ellos.

Las marcas que parecen corresponder a una flagelación

Sobre la imagen dorsal y otras partes del cuerpo pueden observarse numerosas marcas pequeñas y repetidas.

Tradicionalmente han sido interpretadas como lesiones producidas por azotes.

La distribución de esas señales ha llevado a algunos investigadores a relacionarlas con instrumentos de flagelación utilizados en el mundo romano. La hipótesis resulta llamativa porque la crucifixión romana no comenzaba necesariamente en la cruz. El condenado podía haber sufrido previamente golpes, azotes y otros castigos.

Ahora bien, una semejanza morfológica no equivale a una prueba de procedencia.

Podemos decir que las marcas han sido interpretadas como compatibles con una flagelación.

No podemos pasar automáticamente de esa observación a afirmar quién las produjo o en qué siglo.

Ese pequeño espacio entre “compatible con” y “demostrado” es donde vive buena parte del misterio del Sudario.

Las heridas de las manos esconden un detalle extraño

Hay un elemento que durante mucho tiempo llamó especialmente la atención de médicos y anatomistas.

Las lesiones atribuidas a los clavos no parecen encontrarse en el centro de las palmas tal como muestran innumerables pinturas y crucifijos tradicionales.

Se sitúan más cerca de la región de las muñecas.

¿Por qué importa?

Porque sostener el peso de un cuerpo suspendido plantea un problema biomecánico. Diversos investigadores han discutido qué zona de la mano o la muñeca podría soportar mejor las fuerzas generadas durante una crucifixión.

Región de las muñecas del hombre del Sudario estudiada como posible herida de crucifixión.
La posición atribuida a los clavos ha sido uno de los detalles anatómicos más estudiados del Sudario.

Un estudio anatómico publicado en Injury analizó fotografías de alta resolución del Sudario y realizó pruebas experimentales sobre extremidades de cadáveres. Sus autores propusieron como hipótesis preferida que los clavos habrían atravesado una región de la muñeca conocida como espacio de Destot, con posible lesión nerviosa.

Es una reconstrucción anatómica.

No es la única interpretación existente.

Y aquí aparece otra sorpresa.

¿Por qué no vemos claramente los pulgares?

En la imagen frontal las manos aparecen cruzadas sobre el cuerpo, pero los pulgares no resultan claramente visibles.

Algunos investigadores han relacionado esa ausencia con una posible lesión nerviosa provocada por la penetración del clavo en la región de la muñeca. El mismo estudio anatómico planteó que la afectación del nervio cubital podría haber contribuido a la posición de los dedos.

La explicación es sugestiva.

También debe manejarse con prudencia porque estamos intentando reconstruir anatomía tridimensional a partir de una imagen conservada sobre una tela.

El Sudario no es una radiografía.

Tampoco es una autopsia.

Es una superficie que nos obliga a reconstruir una escena desaparecida.

Los pies y el problema del clavo

Las extremidades inferiores aportan otro conjunto de indicios.

En el Sudario puede distinguirse especialmente la impresión de uno de los pies y manchas interpretadas como sangre.

Los análisis anatómicos han propuesto diferentes maneras en que los pies pudieron haber sido fijados. El estudio publicado en Injury sostuvo que la imagen era compatible con un clavo introducido entre estructuras del tarso y planteó incluso una posible lesión previa en el tobillo.

Una vez más encontramos el mismo patrón investigativo.

La imagen permite formular una reconstrucción.

Pero la reconstrucción depende de interpretar correctamente aquello que vemos.

Y eso nos lleva a uno de los elementos más debatidos de todo el lienzo.

La sangre: una evidencia que también ha sido discutida

En 1980, John Heller y Alan Adler publicaron resultados de pruebas espectroscópicas y químicas realizadas sobre zonas consideradas manchas de sangre. Su conclusión fue que habían identificado presencia de sangre en esas áreas.

La cuestión no terminó allí.

Revisiones posteriores han señalado que algunas afirmaciones más específicas —como la determinación precisa del grupo sanguíneo— descansan sobre evidencias indirectas y han sido cuestionadas. Una revisión científica publicada posteriormente sostuvo que serían necesarias técnicas moleculares y métodos de mayor especificidad para resolver algunas de esas afirmaciones.

Esto es importante porque demuestra algo fascinante del caso.

El Sudario no permanece inmóvil ante la ciencia.

Cada generación vuelve a interrogarlo con herramientas diferentes.

Y algunas respuestas que parecían firmes vuelven a convertirse en preguntas.

La herida del costado

En el lado derecho del torso aparece una gran mancha asociada tradicionalmente con una herida producida por un objeto penetrante.

Mancha del costado del hombre del Sudario examinada desde una perspectiva forense.
Una de las marcas más conocidas del Sudario también se encuentra entre las que han generado interpretaciones forenses diferentes.

La interpretación histórica inevitable recuerda la lanzada descrita en el Evangelio de Juan.

Pero nuestra pregunta continúa siendo anatómica.

¿Puede la mancha haberse producido por una herida semejante?

Aquí las investigaciones ofrecen un panorama particularmente interesante porque no todas llegan a la misma conclusión.

Experimentos modernos sobre patrones de manchas de sangre han logrado reproducir determinados aspectos de las marcas atribuidas a la herida del costado bajo ciertas posiciones corporales. Otros análisis de patrones sanguíneos han señalado incompatibilidades entre algunas manchas del Sudario y las posiciones necesarias para producirlas.

Este desacuerdo merece permanecer en el artículo.

Eliminarlo haría la historia más sencilla.

También la haría menos honesta.

La sangre no siempre cae como esperamos

Imaginemos una gota recorriendo nuestro brazo.

Su camino cambia completamente dependiendo de si estamos acostados, sentados, de pie o con el brazo levantado.

Ese principio aparentemente sencillo está detrás de una parte de la controversia forense.

Experimento forense sobre patrones de fluidos para estudiar las manchas del Sudario de Turín.
La trayectoria de un fluido cambia según la posición del cuerpo, un principio utilizado para estudiar algunas de las marcas atribuidas a sangre en el Sudario.

Un análisis de patrones de manchas publicado en Journal of Forensic Sciences encontró que dos pequeños regueros de la mano izquierda podían ser compatibles con una persona de pie cuyos brazos se encontraran aproximadamente a 45 grados. En cambio, otras manchas del antebrazo requerían posiciones diferentes, y los autores consideraron poco realistas algunos patrones atribuidos al sangrado del costado.

Investigaciones experimentales posteriores consiguieron reproducir algunos patrones bajo determinadas condiciones, mientras que otros resultaron difíciles de generar.

Así trabaja una investigación abierta.

Un experimento no necesariamente cierra el caso.

A veces simplemente obliga a formular una pregunta mejor.

Las heridas de la cabeza

Numerosas manchas alrededor del cuero cabelludo han sido relacionadas tradicionalmente con heridas producidas por objetos punzantes.

Para el creyente, la asociación con la corona de espinas resulta inmediata.

Desde una perspectiva forense debemos formularlo con mayor precisión: existen marcas interpretadas como sangrado procedente de heridas en la cabeza.

Experimentos publicados sobre las manchas atribuidas a esas lesiones lograron producir patrones semejantes mediante una combinación de sangrado previo a la muerte, coagulación y movilización posterior de componentes sanguíneos durante la manipulación del cuerpo.

El resultado no demuestra una corona de espinas.

Sí demuestra que algunas características de las manchas pueden estudiarse experimentalmente sin recurrir a explicaciones extraordinarias.

¿Murió el hombre por asfixia?

Durante mucho tiempo se popularizó una explicación sencilla de la crucifixión: el condenado moriría finalmente por asfixia al no poder mantener una posición que le permitiera respirar.

La fisiología de la crucifixión parece ser bastante más compleja.

Traumatismos, pérdida de sangre, agotamiento, deshidratación, alteraciones cardiovasculares y dificultad respiratoria pueden interactuar de formas diferentes dependiendo de la posición del cuerpo y del estado previo de la víctima.

El estudio anatómico de 2014 sobre el hombre del Sudario consideró que la limitación respiratoria probablemente no habría sido suficiente por sí sola para explicar la muerte y propuso una combinación de traumatismos y pérdida de sangre, con un posible evento cardíaco final.

Esa es una hipótesis médica.

No tenemos un cuerpo sobre una mesa de autopsias para confirmarla.

Tenemos una imagen.

Y esa limitación nunca debe olvidarse.

Una crucifixión representada con detalles incómodamente precisos

Llegados a este punto podemos retirar por un instante todos los nombres.

No digamos Jesús.

No digamos falsificador.

No digamos reliquia.

Observemos únicamente al hombre.

La figura muestra lesiones que han sido interpretadas como flagelación, heridas en cabeza, perforaciones en extremidades y una lesión penetrante en el costado. Estudios anatómicos y forenses han considerado varias de estas características compatibles con una persona sometida a crucifixión y traumatismos severos. Otros trabajos han encontrado dificultades para reproducir determinados patrones de sangre.

Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

Ahí comienza la parte verdaderamente interesante.

Compatible no significa identificado

Existe una diferencia enorme entre afirmar:

“La imagen presenta características compatibles con una crucifixión.”

y afirmar:

“La imagen pertenece a Jesús de Nazaret.”

La primera proposición puede investigarse mediante anatomía, medicina forense, química y experimentación.

La segunda exige resolver además la edad del tejido, su procedencia, su historia documental y la manera en que se formó la imagen.

Y ahí encontramos uno de los mayores obstáculos para cualquier conclusión definitiva.

La datación por radiocarbono publicada en Nature en 1989 situó el lino analizado entre 1260 y 1390, resultado interpretado por sus autores como evidencia de un origen medieval.

La controversia no terminó. En 2026, un nuevo análisis de fragmentos procedentes de las muestras utilizadas para aquella datación informó que eran consistentes con el tejido principal del Sudario y no encontró evidencia de contaminación en los fragmentos estudiados.

Este problema merece su propio capítulo dentro de nuestra saga.

Aquí basta con entender por qué importa.

Aunque pudiéramos demostrar que la figura representa de manera convincente a un crucificado, todavía quedaría por demostrar cuándo fue creada la tela y quién fue ese hombre.

Son preguntas diferentes.

El hombre sigue tendido sobre el lino

Después de décadas de análisis, el hombre del Sudario continúa allí.

No habla.

No entrega su nombre.

Solo conserva una anatomía silenciosa marcada por heridas.

Algunas parecen encajar notablemente con una crucifixión. Otras continúan generando discusiones entre quienes intentan reconstruir cómo se produjeron. Cada marca puede convertirse en evidencia para unos y en motivo de cautela para otros.

Quizá esa sea la forma más justa de observarlo.

No arrodillarnos ante la tela.

Tampoco apartarla de la mesa antes de examinarla.

Simplemente acercarnos.

Mirar las muñecas, los pies, la cabeza, el costado. Escuchar lo que pueden decir la anatomía y la medicina forense y reconocer también el momento exacto en que dejan de poder hablar.

Porque sobre ese lienzo hay una figura que parece haber sufrido una muerte brutal.

Quién fue ese hombre es otra pregunta.

Y todavía nos quedan cinco capítulos para acercarnos a ella.

Sobre el autor

José Efraín Castillo es creador y editor de HistoriasSinOrillas.com, un espacio dedicado a explorar historias reales e imaginarias, misterios, literatura y pensamiento, con una mirada narrativa e investigativa.

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