La imagen de la Sábana Santa plantea una pregunta sencilla de formular y difícil de responder: ¿qué proceso dejó sobre el lino la figura frontal y dorsal de un hombre? La Sábana Santa de Turín no conserva un retrato nítido a simple vista, sino una silueta tenue, amarillenta, casi fantasmal, cuya apariencia cambia cuando se fotografía y procesa.
En la entrega anterior vimos las heridas de una crucifixión y la forma en que distintas marcas han sido interpretadas desde la anatomía y la medicina forense. Ahora la atención pasa del cuerpo representado al tejido. Porque, aun aceptando que vemos la figura de un hombre, queda la pregunta más incómoda: ¿cómo llegó esa figura hasta allí?
Una imagen que desconcertó a la fotografía

En 1898, el italiano Secondo Pia obtuvo las primeras fotografías del Sudario durante una exposición pública en Turín. Al revelar la placa descubrió que el negativo mostraba el cuerpo con una apariencia mucho más natural y definida. El episodio convirtió una reliquia religiosa en un problema óptico que empezó a atraer también a científicos y especialistas en imagen.
Decir que el Sudario es simplemente «un negativo fotográfico» sería impreciso. Lo más prudente es hablar de propiedades pseudonegativas: las zonas claras y oscuras recuerdan una inversión tonal. Esa peculiaridad no demuestra antigüedad, autenticidad ni un mecanismo milagroso; solo describe una característica que cualquier teoría sobre su origen debe explicar.
Lo que ocurrió en la superficie del lino

En 1978, el Shroud of Turin Research Project, conocido como STURP, examinó el lienzo mediante diversas técnicas fotográficas, químicas y físicas. El informe de síntesis publicado después sostuvo que la coloración corporal era compatible con procesos de oxidación, deshidratación y alteración de la celulosa, y que el mecanismo concreto de formación seguía sin conocerse.
Para esos investigadores, la figura no se explicaba simplemente por una capa de pintura aplicada sobre el tejido. La alteración parecía asociada a la superficie de las fibras. STURP concluyó que los pigmentos, pinturas o tintes detectados no bastaban para explicar la imagen corporal completa.
La interpretación no fue unánime.
El microscopista Walter McCrone examinó muestras tomadas con cintas adhesivas y afirmó haber identificado ocre rojo, bermellón y un medio orgánico compatible con una técnica pictórica. Para él, la imagen podía ser obra de un artista medieval.
Tenemos, entonces, dos lecturas enfrentadas. STURP consideró que los pigmentos detectados no explicaban la figura corporal; McCrone sostuvo lo contrario. Presentar una sola como definitiva sería convertir una controversia real en una certeza que no existe.
El problema del contacto: tocar no basta
Imaginemos que cubrimos un rostro con una tela impregnada de color. La nariz, la frente y los pómulos tocarán primero. Si luego extendemos esa tela sobre una superficie plana, el rostro tenderá a deformarse lateralmente, como ocurre al desplegar la envoltura de un objeto tridimensional.
Ese problema geométrico pesa mucho en el debate.
Una impresión producida únicamente por contacto debería marcar con más intensidad las zonas que tocan el lino y dejar más débiles aquellas separadas de él. Además, envolver cabeza, brazos y torso debería producir distorsiones propias de una tela adaptándose a volúmenes curvos.
En 2010, Luigi Garlaschelli presentó una reproducción a tamaño natural realizada mediante una técnica de tipo artístico y afirmó haber imitado varias propiedades visibles y espectroscópicas del Sudario. Posteriormente, otros investigadores discutieron que aquella reproducción consiguiera reproducir simultáneamente todas las características atribuidas al original.
La cuestión más exigente no es si puede fabricarse una figura parecida. Puede hacerse.
La pregunta verdadera es otra: ¿puede un mismo procedimiento reproducir a la vez la apariencia, la superficialidad, la gradación tonal, la geometría y las características físico-químicas de la imagen?
Las principales hipótesis sobre la formación de la imagen
Pigmentos y técnica artística
La explicación pictórica tiene una ventaja evidente: no necesita procesos desconocidos. Los pigmentos minerales y los aglutinantes existían en la Edad Media, y McCrone defendió que había encontrado precisamente ese tipo de materiales.
El obstáculo aparece al compararla con los resultados de STURP, cuyos investigadores concluyeron que no encontraron suficiente pintura, tinte o pigmento capaz de explicar la figura completa. La discrepancia continúa siendo una pieza central del debate.
Calor o quemadura
Otra hipótesis propone una acción térmica.
El lino puede amarillear mediante procesos de deshidratación y oxidación, y una superficie caliente es capaz de dejar una impresión sobre una tela.
El problema consiste en controlar el fenómeno. El calor tiende a penetrar y difundirse dependiendo de la temperatura y del tiempo de exposición. Los análisis de STURP no consideraron que una simple quemadura explicara por sí sola todas las características observadas en el lienzo.
Aun así, distintos experimentos han utilizado procesos térmicos para comprobar hasta qué punto determinadas propiedades de la imagen pueden reproducirse.
Reacciones químicas entre el cuerpo y el tejido
El químico Raymond Rogers y Anna Arnoldi propusieron una posibilidad diferente: una reacción de Maillard.
En su modelo, compuestos nitrogenados liberados por un cadáver podrían reaccionar con azúcares o impurezas presentes en una capa muy fina sobre las fibras del lino, generando una coloración amarillenta sin necesidad de aplicar pintura.
La propuesta ofrece un proceso natural capaz de actuar sobre la superficie. Sus propios autores fueron prudentes: reproducir ciertas características químicas no demuestra que ese haya sido el mecanismo histórico real ni establece por sí mismo la autenticidad del Sudario.
Y aparecen nuevas preguntas.
¿Podría una reacción gaseosa conservar suficiente resolución anatómica? ¿Por qué tendría la intensidad observada en unas zonas y no en otras? ¿Cuánto tiempo podría permanecer un cuerpo envuelto antes de que otros productos de descomposición modificaran el tejido?
Una hipótesis puede explicar una parte del misterio y, al mismo tiempo, abrir otras puertas.
Radiación, luz y descargas

También se han planteado mecanismos relacionados con radiación, luz intensa, descargas eléctricas y otros procesos energéticos.
Algunos experimentos han conseguido modificar o amarillear superficialmente fibras de lino mediante diferentes formas de energía. Incluso se han publicado modelos ópticos destinados a explicar cómo una radiación podría haber intervenido en la formación de una figura.
Aquí conviene separar dos conceptos: posibilidad y demostración.
Que una fuente de energía pueda producir un efecto parecido no demuestra que esa energía actuara sobre la Sábana. Todavía habría que responder de dónde habría surgido, qué intensidad tuvo, cuánto tiempo actuó y cómo pudo generar una imagen humana completa.
Reproducir un efecto en un laboratorio no equivale necesariamente a reconstruir el acontecimiento que lo originó.
¿Existe información tridimensional?
Otro de los argumentos más llamativos apareció cuando fotografías del lienzo fueron procesadas mediante sistemas capaces de traducir diferencias de intensidad en relieve.
Investigadores observaron una correlación entre la intensidad de ciertas zonas y la distancia que podría haber existido entre una forma corporal y la tela. Un estudio publicado en Applied Optics en 1984 analizó precisamente esa relación y mostró que, bajo determinadas condiciones, la intensidad de la imagen podía modelarse en función de esa distancia.
De ahí nació la conocida afirmación de que el Sudario contiene «información tridimensional».
La expresión exige cuidado.
El lino no almacena un modelo tridimensional como si escondiera un archivo digital. Lo que existe es una distribución de intensidades que, al procesarse matemáticamente, puede convertirse en un relieve llamativo.
Es un dato interesante para estudiar cómo pudo producirse la imagen. No identifica por sí solo el mecanismo que la creó.
Además, el procesamiento informático de imágenes de muy bajo contraste puede producir interpretaciones engañosas. Estudios sobre percepción y procesamiento digital han advertido que el realce excesivo puede hacer aparecer estructuras que originalmente no contienen información suficiente para respaldarlas.
Lo que sabemos y lo que todavía no
Después de décadas de estudio, la conclusión más rigurosa quizá sea menos espectacular que cualquiera de las teorías: no existe un mecanismo de formación aceptado de manera general que explique sin controversia todas las propiedades atribuidas a la imagen.
Una técnica artística puede producir una figura semejante.
El calor puede amarillear el lino.
Las reacciones químicas pueden modificar sus capas superficiales.
Determinadas formas de energía pueden alterar fibras.
El procesamiento de intensidad puede generar relieve.
Pero existe una distancia enorme entre afirmar «este procedimiento puede producir algo parecido» y demostrar «esto fue exactamente lo que ocurrió».
Eso tampoco convierte automáticamente la imagen en un fenómeno sobrenatural. Que una pregunta científica continúe abierta no autoriza a llenar el espacio desconocido con una explicación extraordinaria.
Del mismo modo, que existan técnicas capaces de aproximarse a varios rasgos tampoco demuestra por sí solo cuál fue el procedimiento utilizado en este lienzo concreto.
La posición más sólida es también la más humilde: separar lo observado de lo supuesto.
Un cuerpo convertido en pregunta
Quizá ahí reside la extraña fuerza de esta imagen.
El hombre del lienzo apenas aparece. Es una presencia hecha de diferencias mínimas de color sobre fibras envejecidas, una figura que parece desaparecer cuando uno se acerca demasiado.
Durante más de un siglo, cámaras, microscopios, espectrómetros y ordenadores han intentado responder una pregunta que el lino continúa devolviendo intacta:
¿Cómo se formó?
Tal vez algún día una explicación reúna todas las piezas. Tal vez descubramos que varias nacieron de procesos diferentes y que durante años intentamos abrir con una sola llave una cerradura mucho más compleja.
Hasta entonces, la imagen de la Sábana Santa seguirá habitando ese territorio incómodo y fascinante donde la ciencia no debería prometer certezas antes de tiempo, y donde el misterio no necesita convertirse en milagro para seguir siendo misterio.


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